El primer autómovil llegó a Baitoa en el año 1924 durante
la celebración de las Fiestas Patronales.
Fue una iniciativa de Eliseo Pérez
y, tomando en cuenta de que para ese entonces no teníamos carretera
sino camino de herradura, en buen parte del trayecto para darnos a conocer
el progreso se requirió el uso de yunta de bueyes para arrastrar
la moderna máquina.
Una vez llegado al Poblado el autómovil fue usado para, a cambio
de la suma de cinco (5) centavos, dar una vuelta por el entorno.
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Ya para 1929 funcionaba en Baitoa una central telefónica que
daba servicios a unas siete familias de la comunidad.
Llegó este servicio a la comunidad como fruto del esfuerzo
realizado por directiva del Club Unión y Progreso en su programa
establecido en 1927.
La operadora telefónica lo fue la jovencita Cuca Pineda, hija
de Don Mon Pineda
Para los curiosos debemos señalar que la central funcionaba de la
siguiente manera.
La central recibía una llamada, quien llamaba debía
indicar con quien quería comunicarse. La operadora hacía sonar
todos los teléfonos un número determinado de veces dependiendo
del destinatario.
Por ejemplo, donde Moncito Fernández si recibían dos repiques
tomaban la llamada. Donde Leopoldo Núñez hacían otro tanto
si eran cinco los repiques.
Todo el pueblo se entereba así quien recibía una
llamada teléfonica.
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En otro lugar hemos
mencionado como Arismendy Pineda (Mendo) y Marino Núñez
tomaron, por la ciudad de Puerto Plata el barco a vapor que los llevó
en un trayecto de tres días a la ciudad de New York.
En los documentos escritos en el periódico "El Dia"
dejados por Herminio Franco (Minino)
podemos leer que la cantidad de baitoeros para 1927 iba creciendo.
Viajaron Abraham Núñez, Blas Ramírez, Amable
Núñez, Polibio Pineda y otros más.
Pero siempre debemos hacer referencia a Francisco Genao (Pancho) que
fué quien indujo a Mendo Pineda a hacer su primer viaje de
exploración por la gran nación del norte.
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No podemos negar que al día de hoy las Fiestas Patronales de
Baitoa, que culminan el 31 de Agosto en honor a San Ramón Nonato,
siguen siendo multitudinarias y fastuosas.
Sin embargo, hoy reina el bacanal, el ruido, el juego de azar y las drogas
junto con el ansia que tenemos los baitoeros de disfrutar el momento para
saludar los viejos amigos y visitantes y, en fin, reunirnos en familia.
Y es que las Fiestas Patronales de Baitoa tienen una larga tradición.
A finales del siglo XIX y principios del siglo siguiente los comerciantes
de la comunidad haciendo contactos con la Iglesia lograban que las mismas se
prolongasen hasta por un período de dos meses.
Fué esta una tradición que se mantuvo hasta la década
de los 50 del pasado siglo.
De estas fiestas surgió para la década de los 20 el
renombrado Club Unión y Progreso donde en los bailes de ocasión
no dejó de figurar cotillón y en el Poblado se celebraban
suerte de anillos en el mejor estilo.
La juventud que llegaba de fuera a Baitoa y encontraba hospedaje en casa
de sus conocidos o familiares, podía disfrutar unas placenteras
vacaciones donde el encuentro social en el río Yaque durante
las horas diurnas se alternaba con las actividades nocturnas del
Club Unión y Progreso.
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Como el hecho ocurrió a mediados de la década de los 70
del siglo pasado, y hay un tema delicado que narrar, ocultaremos
el nombre de nuestro personaje.
Llamémoslo Antonio. Antonio vive hoy en Estados Unidos y nos
indican que no está muy bien de salud.
Antonio, nuestro personaje, demostró desde pequeño tener
extraordinarias habilidades para reparar y fabricar cualquier cosa que se
proponía. Podía tabajar como fontanero, electricista,
carpintero, dígalo usted, él era lo mejor.
Debemos narrar que a diferencia de la mayoría de los baitoeros
Antonio, nuestro personaje; no era impetuosa en las lides amorosas. Fuimos
testigo de cuando una joven, él estando pasado de tragos, lo
alejaba de sí y luego se justificaba ante los presentes diciendo
que no quería saber de Antonio por frío.
Pero, volviendo a sus habilidades debemos decir, que a principios de la
década que narramos el nos llevó a su casa y nos mostró
unos rifles que él había fabricado. Los sacó de su
escondite y podemos afirmar que los originales nada tenían que
envidiarle. De hecho, no quedamos muy convencidos de que él los hubiese
fabricado. Ya Antonio había hecho familia.
Nos llegamos a enterar, después que pasaron los acontecimientos que
narramos, que él salía por los montes de Baitoa a cazar guineas
en compañía de unos dos selectos amigos.
Ocurría esto en tiempos muy difíciles. Los cazadores fueron
denunciados y hechos presos.
Antonio fue llevado al destacamento del Estadio Cibao donde era sometido a
torturas consistentes, principalmente, en ser colgado, esposado, en una viga
de madera con la cabeza hacia abajo mientras era golpeado en los genitales.
Al cabo de un tiempo Antonio fue despachado sin acusación
alguna hacia su casa.
La conclusión de esta narración no es comentar sobre la
indignación que produjo en nosotros las torturas a que fue sometido
Antonio, sino al hecho de que fruto de estas torturas, Antonio al poco
tiempo de regresar a Baitoa decidió hacerse polígamo. Pues
según explicaba, los golpes que recibió despertaron en él
instintos que dormían.
El compartía su tiempo con sus dos mujeres cada día, o
mejor dicho cada noche. Así nos lo narraron.
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En 1915 el precio del cerón del tabaco pasó de costar
veinticinco centavos a cincuenta centavos.
Hasta ese momento no había ocurrido algo tan extraordinario.
El comercio y la prosperidad de Baitoa parecían no tener
límites
Pero después de unos años de crecimiento económico
vinieron años de depresión . El comercio de Jesús
María Pérez y Leopoldo Núñez quebró.
Para esa época se inició una caza para cerrar alambiques.
En estos últimos fenómeno vemos nosotros el origen de
nuestras emigraciones.
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Canó Valerio es un baitoero que emigró a Nueva York.
En un momento de descanso, hace unos años, narraba hechos
extraordinarios a un compañero de trabajo boricua, sin que
notase que un compueblano suyo todo escuchaba.
Narraba Canó, entonces, que en su juventud salió a
cazar guineas y que con un solo disparo fueron tantas las guineas
muertas que tuvo qu contratar un muchacho para llevar la inmensidad de
aves así obtenidas.
Recurría seguramente Canó a la imaginación.
Sin embargo a nadie narra Canó las proezas por él realizadas
cuando subía a los cogollos de las palmas.
Por ejemplo, Canó era capaz de saltar desde el tope de una esbelta
mata de palma a otra.
También era capaz de lanzarse desde lo alto de una palma sin más
ayuda que un par de ramas que le servían de paracaídas.
No conocemos de otra persona que haya realizado tales hazañas.
Alguién nos ha señalado a Marzo Tavárez.
Pero en estas acciones de su vida Canó Valerio es todo modestia.
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Eddy Pérez
Cazar guineas era un pasatiempo y oficio que se practicaba en Baitoa hasta
los años cincuenta del siglo pasado, con buenos resultados.
Si embargo al diezmarse los bosques, desaparecieron o son escasas las
aves de caza, entre ellas la guinea "alzada".
En el transcurso de su vida el ex-seminarista Eddy Pérez ha demostrado
de lo que es capaz su ingenio.
Fué Eddy en su juventud seminarista. En el seminario siguió los
pasos de Agripino Núñez, y fué compañero de Apolinar
Núñez, Juan Núñez y Esteban Espinal.
En su vida fuera del seminario, se demostró tener dotes poéticas
y en la vida práctica comerciante en ganado y criador del mismo
género.
Cuando Eddy sale en pos de sus negocios dura mucho tiempo vagando por las
montañas y durante su caminar ha tomado afición al aguardiente.
Pues bien, según narran sus conocidos, Eddy era capaz de cazar
guineas recurriendo sólo a un vaso de maíz dejado fermentar
en ron.
Las guineas comen el maíz, se marean y se dejan atrapar muy
mansamente.
Si aplica el método dele las gracias a Eddy Pérez de
Baitoa su inventor.
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